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"En un mundo multilateralista la negociación es la única forma de resolución definitiva de los problemas"

lunes, 8 de noviembre de 2021

Cuando la Coalición aliada hundió la armada iraquí en la guerra de 1991, nadie hizo ningún comentario sobre ello. En realidad, no se trató de ninguna hazaña bélica. Se trato simplemente del resultado de una abrumadora superioridad material y tecnológica con la que contaron los norteamericanos para lograr ese propósito. No hay que olvidar que para atreverse a enfrentar a Iraq Washington necesito juntar a 32 armadas lo que de por sí ya informa de la disparidad existente.

Han pasado treinta años de aquellos acontecimientos y sin dudas que la tecnología militar naval y las dotaciones que componen actualmente a la Armada estadounidense se hallan entre las más sofisticadas del momento pero ello y aun así, no les garantiza la impunidad como en aquel entonces.

A pesar de no haber más “Saddams” ni espantajos como el “Estado Islámico” para justificar su permanencia en el Golfo, la Armada de los EEUU sigue allí merodeando sus aguas y de toda la península arábiga ¿Qué la ha seguido manteniendo en esa región? La respuesta monocorde es Irán. Pero ¿Qué le ha hecho la república Islámica de Irán a los EEUU para que se halle asechando como lo hace desde las aguas del golfo? La respuesta de una parte de los neoconservadores en Washington será la acostumbrada cantinela que refiere a la intolerable situación de las mujeres iraníes bajo un estado teocrático, terrorista y blablabla. Del otro lado de otras facciones con lenguaje más moderado que forman parte de estos sectores neocon, escucharemos el argumento del “peligro global que representa el desarrollo nuclear de la república islámica”, dejando entrever en este discurso su alineamiento cerrado con Israel.

A EEUU ni a sus aliados (y en particular a Israel) poco le importan los derechos de los iraníes o de sus minorías o de las mujeres. Recuerden que lo mismo se decía de Iraq y que la intervención -entre otras excusas- sería para proteger a las minorías oprimidas por Saddam. Lo cierto fue que tanto los niños sunitas como los chiitas murieron bajo los escombros de sus hogares tras los bestiales bombardeos angloestadounidenses y más tarde otros cientos de miles más, morirían de hambre y por enfermedades que no podían ser tratadas por la falta de medicamentos impedidos tras la imposición de un embargo inhumano que duró trece años.

Para Irán esto fue una lección invalorable. Los iraníes saben que los estadounidenses no harán nada a la luz del día y que para concretar sus acciones negras lo harán con la ayuda y la solapada participación de Israel. Es por ello que con la experiencia adquirida tras varios atentados terroristas contra sus instalaciones nucleares y contra sus científicos, les ha valido tener que estar alerta ante las acechanzas y con ello el perfeccionamiento de sus dispositivos de seguridad. Lo mismo en la vigilancia y seguridad naval, que se ha visto amenazada por operaciones semejantes y por la fabricación de incidentes en el estrecho de Ormuz y en el Golfo de Omán en junio de 2019 que trataron se ser endilgados a sus fuerzas revolucionarias iraníes.

Desde hace tiempo que Teherán ha venido mejorando sus capacidades de respuesta inmediata ante las amenazas navales y eso se comprobó el 25 de octubre pasado cuando un petrolero con sus bodegas llenas de crudo que se hallaba transitando dentro de las aguas del Golfo de Omán fue interceptado y secuestrado por los destructores “USS The Sullivans” y el “USS Michael Murphy” de la Armada estadounidense para vaciar su carga (mediante un alije forzado) y traspasarla a otro buque tanque que respondía a la operación.

Tan pronto el capitán del tanquero asaltado advirtió de lo sucedido radió un aviso a Irán donde sin demora se despacharon comandos helitransportados y una flota de lanchas artilladas para acudir en su ayuda. La inteligencia de la armada iraní dotada de Drones de reconocimiento pronto detecto el tanquero que llevaba la carga robada que venía siendo escoltado desde una distancia prudente por destructores y fragatas norteamericanas. Una cuestión que no se ha determinado es ¿Colaboraron los emiratos y el sultanato de Omán en dejar hacer esto? Creo que no ya que, los comandantes norteamericanos no piden permiso ni mucho menos obedecen ordenes que no provengan de su comando en este caso USCENTCOM.

Cuando el Comando naval iraní recibió la primera noticia sobre lo que estaba sucediendo, se activaron sus defensas costeras y la movilización de sus unidades especiales.

La maniobra implicaba una serie de riesgos para Teherán, pero igualmente la determinación de las unidades de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) fue apoyada por el gobierno y sin dudarlo se puso en marcha una operación de asistencia rápida que se conoció como “Heliborne” por medio de la cual pudieron abordar el tanquero que llevaba el crudo robado y redirigirlo a puerto seguro.

La llegada de los comandos helitransportados fue advertida por los buques norteamericanos pero tan pronto lo hicieron debieron desviar su atención a la flotilla de lanchas rápidas que comenzaban a zigzaguearles alrededor. Sin dudas quedo a prueba el juicio discrecional de los comandantes estadounidenses quienes fueron conscientes de que si ofrecían alguna oposición quedarían en evidencia en el atraco ejecutado.

Pese a la notable diferencia en la potencia de fuego que se presentaba entre las lanchas artilladas (algunas con un par de misiles antibuque “Kawsar”) y las fragatas con sistemas de armamento automatizado (Sistema Phalanx), los comandos iraníes lograron su propósito y evitaron que se consumara este acto de piratería.

Al parecer los estadounidenses no estaban al tanto de que los iraníes sabían del robo ejecutado pero tal vez, no les haya importado si lo sabían o no. Incluso era muy posible que la maniobra hubiera implicado un plan deliberado para la creación de un incidente armado que argumentara una retórica desde Washington para a su vez justificar una movilización mayor en la región.

Una última observación sobre este incidente nos obliga a considerar que no es la primera vez que se realizan estos atracos e incluso, según las fuentes iraníes que intervinieron en lograr recuperar el tanquero confirmaron que los buques norteamericanos intentaron una nueva acción contra otro petrolero que se hallaba en la zona, pero al parecer sin lograr concretarlo. Lo que si es cierto que esto pone en evidencia la comisión de acciones ilegales (como lo es la piratería) de un estado contra los bienes de otro estado soberano ¿Y dónde estaba Naciones Unidas?

 

 

 


miércoles, 22 de septiembre de 2021

 


Por el Dr. Carlos Castia

Una cuestión que sigue estando guardada en los polvorientos anaqueles del estado argentino es el asunto de la misión “Alfil 1” que participo en la llamada “Tormenta del desierto” allá por inicios de 1991 cuando el mundo entraba en una nueva era geopolítica dominado por una visión hegemónica y expansionista de una superpotencia sin rival.

El desconocimiento que se advierte en los estamentos del estado sobre este hecho de la historia contemporánea no es casual. Más bien deberíamos verlo como un intento vano por esconder la cuestión, no tanto por un compromiso político y diplomático con el actual Iraq o con los mismos EEUU a quien brindo apoyo, sino más bien para despistar, cansar y desalentar los reclamos de quienes participaron en aquella misión.

Y esto no es una mera suspicacia. Desde hace un tiempo hasta aquí los formales pedidos de información cursados a la Armada para que abra sus documentos referentes a los detalles de la misión, se han visto retrasados por resoluciones contradictorias que no asombran. Hay claramente una intensión por dilatar y dificultar el libre acceso a dichos plexos informativos que son posibles de consultar sin restricciones más allá de la actual excusa de la pandemia.

Precisamente la aparición de la pandemia del SARS-COV2 por finales del 2019 y posterior decreto presidencial del 20 de marzo de 2020 ordenando el Aislamiento Preventivo y Obligatorio interrumpieron las consultas presenciales en los archivos de la Armada Argentina. Desde ese entonces el acceso a dicha dependencia en la Ciudad Autónoma ha sido restringida a esporádicos y pocos contactos por mail.

Cuando inicie esta investigación sabía que se debía canalizar por los carriles y formas administrativas correspondientes algo que, no obsta a el acceso a dicha información histórica. Cualquiera con un interés legítimo o un derecho subjetivo tiene la posibilidad de reclamar que se abran los archivos y a su costa, recabar lo que sea de su interés siempre y cuando la información requerida no sea calificada de secreta, confidencial o reservada algo para lo cual deberá hacérselo por intermedio de un juez.

En el caso de esta información solicitada, la misma más allá de la calificación arguída por la Armada estaría disponible al solicitante (Cfr. Art. 8 inc. a Dto. 206/17)

Lo referente a la misión naval argentina en el Golfo Pérsico es parte de la historia y como tal, debe ser accesible al conocimiento de cualquier ciudadano, máxime si es la ley la que prevé esta posibilidad (Cfr. Ley 27.275 y su Dto. Reg. 206/2017 de acceso a la información pública). Con esto, el acceso a dicha información no debería ser un problema máxime cuando es posible su acceso vía digital (Cfr. Art. 5 y 6 del Dto. 206/17).

Pero con lo experimentado por quien escribe, estos requisitos no parecieran ser suficientes para la burocracia de la Armada como gran parte de la administración pública del estado, bajo la excusa del Aislamiento Obligatorio (ASPO), ponen trabas al efectivo acceso a la documentación de esa campaña naval.

Contrariamente a esta situación, en EEUU su acceso (pese a sus propias restricciones administrativas) es viable de obtener. Consultando sus fuentes oficiales y de asociaciones civiles que se avocan a trabajar por la transparencia gubernamental fue que tome conocimiento y acceso a la información de cómo se llevaron adelante los preparativos y las acciones para llevar adelante las operaciones “Escudo del Desierto” y “Tormenta del desierto” que surgen de documentos oficiales del Departamento de Defensa, de la Armada y de la misma Casa Blanca.

Entrando en tema y para entender el marco normativo veamos cual era el marco fáctico en el Golfo Pérsico después del 2 de agosto de 1990. Primero de todo, la invasión iraquí no pareció tomar por sorpresa a la Casa Blanca no solo por la reacción del mismo presidente George Bush sino por el exageradamente rápido despliegue de tropas sobre Arabia Saudita. Apenas unos días después de la toma de Kuwait desde su base en Alemania llegó a Arabia Saudita la 82º Aerotransportada que casualmente unos meses antes venía realizando aprestos y una exhaustiva revisión de sus equipos.

Con esta primera pista podemos intuir que algo se sabía en Washington. Pero ¿Era posible eso?

Para la Casa Blanca y en particular para el presidente George H. Bush el evento no había sido una sorpresa y mucho menos una situación imprevista. Muchos documentos de meses previos a que se produjera la crisis en Kuwait, arriman elementos que dan cuenta de una estrecha incumbencia que Washington, sus estamentos militares y de inteligencia mantenían en los asuntos internos no solo en Kuwait e Iraq sino de todo el Golfo (tras la guerra de Irán e Iraq).

Solo como ejemplo recordemos las estrechas y promiscuas relaciones preexistentes y simultaneas en el área de inteligencia entre Washington, Bagdad y Teherán en el marco de la guerra de aquel entonces que fue motivo de un escándalo épico (Fuente: S. Rept. No 100-216, 100th Congress, 1st Session Report of The Congressional Committees Investigating The Iran-Contra Affair, Apendix A: Vol 1 (Washington DC, 1988).

Pero no necesitamos irnos a consultar documentos clasificados o de alto secreto del gobierno norteamericano para dilucidar estas incumbencias. Los reclamos de Bagdad a Kuwait y Arabia Saudita por deudas generadas por la guerra con Irán y la intercesión de la CIA en toda esta circunstancialidad puso de manifiesto que La Casa Blanca no podía mostrar sorpresa en el desencadenamiento de la crisis, mucho menos con lo visto tras la entrevista (unos días antes) entre la embajadora April Glaspie y Saddam Hussein.

El paso del tiempo ha permitido que varios documentos de diversa entidad que circunscriben la intervención estadounidense, hayan sido liberados al conocimiento público gracias a las asociaciones civiles y de investigadores particulares que bregan por la efectiva libertad de información que en EEUU están legitimados para solicitar todo aquello que haga los actos de su gobierno federal.

A través de estas fuentes informativas veremos cómo se engarzó la llamada “Coalición Aliada” que fue la fuerza militar multinacional en la que la Argentina participó desde su etapa previa hasta las hostilidades que se extendieron desde el 17 de enero al 28 de febrero de 1991 (Cfr. Consta en el listado de un informe del Congreso). Una cuestión debe quedar clara y ella es que más allá de las tratativas y las resoluciones de Naciones Unidas (en especial la 678) La Casa Blanca y sus estamentos de la defensa produjeron de forma paralela sus correspondientes herramientas legales para poner en marcha el despliegue masivo y la justificación político legal de concentración de fuerzas militares en lo que sería el Teatro de una acción bélica.

Para ello el presidente estadounidense maneja ciertas herramientas legislativas que hacen a su potestad como “comandante en jefe” de las Fuerzas Armadas. En ese carácter tiene la facultad de emitir ordenes ejecutivas y Directivas con las cuales George H. Bush puso en marcha el temprano y presuroso despliegue militar que bajo la excusa de montar una defensa de Arabia Saudita -contra una supuesta intensión expansiva iraquí- (Op. Escudo del Desierto) que tras asegurar los campos petrolíferos de ARAMCO. OIL más tarde pasaría a mostrar su fase ofensiva (Op. Tormenta del Desierto).

Sobre esto algunos analistas israelíes -con mucho interés en el caso- ya concluían que la fase del Escudo del Desierto había sido una fase de preparación para el lanzamiento de las hostilidades del 17 de enero, ratificando así el desencadenamiento de los hechos.

Lo primero que hizo George H. Bush fue firmar el mismo 2 de agosto una Orden Ejecutiva ordenando congelar las cuentas bancarias y las transacciones provenientes de Kuwait e Iraq instruyendo a que el Departamento del Tesoro y la Secretaría de Estado lleven adelante todas las acciones necesarias a dicho fin. Como podemos ver, el embargo unilateral comenzó mucho antes de que Naciones Unidas emitiera sus resoluciones destinadas a trabar embargo y bloquear sus rutas comerciales, las cuales constituirían acciones hostiles contra Iraq.

Pero aún antes de estos eventos, Washington y en particular la CIA estaban al corriente del diferendo existente entre Kuwait y Bagdad por los campos petrolíferos del sur. Incluso más. Un año y medio antes de que comenzaran estos reclamos, el Pentágono por intermedio del General Norman Schwarzkopf en su por entonces carácter de jefe del Comando Central de los EEUU (USCentCom) participaba como observador en las maniobras conjuntas con el ejército iraquí, el cual era una ficha estratégica de Washington contra la amenaza soviética y un peón sacrificable para frenar a Irán.

En ese marco de estrechas relaciones con Bagdad y en previsión de un cambió que se daría con el colapso de la URSS fue que tejieron los argumentos legales.

Estos entretelones nunca fueron conocidos por los responsables políticos y militares argentinos, algo que, de haberlo sabido, lo habrían pensado mejor.

La movilización militar al Golfo Pérsico se fue incrementando al paso de las semanas llamando a que otras naciones se plegaran a sus esfuerzos como una condición sin la cual no podrían haber ejecutado lo que devendría.

Entre quienes establecieron un contacto temprano (y por una casualidad) fue precisamente el gobierno argentino, que por intermedio de la delegación del Ministerio de defensa encabezada por el entonces ministro Humberto Romero que se hallaba en visita en los EEUU, ofreció a sus anfitriones en el Pentágono su abierta cooperación material (mucho antes de que Naciones Unidas expidiera la resolución 678).

Entre tanto, los informes de la CIA y demás fuentes de inteligencia de orden militar fueron dando a La Casa Blanca un panorama diario de como evolucionaban los eventos en la región y en base a ellos La Casa Blanca tomaba sus decisiones ejecutivas. Estas solo son las principales piezas legislativas (de orden ejecutivo) de una maraña de memorandos internos y ordenes que pusieron en marcha la iniciativa norteamericana.

El 20 de agosto de 1990 George H. Bush emite la Directiva 45 por la cual entera a todo su Staff (entre ellos al Secretario de Defensa) los intereses que lo movieron a su redacción y los propósitos a lograr. Es precisamente allí donde se exponen los fundamentos y los objetivos para intervenir en el asunto sin que entre los principales se cuenten “el derecho internacional”, “la busqueda de la paz y la seguridad” o a lo menos, colaborar con algún esfuerzo de Naciones Unidas.

El primer párrafo de esta directiva (lo que demarca su importancia) reza “Los intereses estadounidenses en el Golfo Pérsico son vitales a la Seguridad Nacional” y “el riesgo de los intereses vitales de EEUU”, dejando bien en claro que EEUU va a la región -ante todo- a velar por sus intereses que para ese entonces se reflejaba en el control y la seguridad de la producción y transporte de crudo.

Subsidiariamente y como otros argumentos para justificar la masiva remisión armada invoca el Capitulo VII y su art. 51 de la Carta de Naciones Unidas y a una respuesta a la “solicitud de Arabia Saudita” con quien expone un compromiso que extiende a “otros estados amigos de la región del Golfo” ante una inminente -pero nunca cumplida- expansión iraquí.

En lo diplomático ante todo se menciona el interés por proteger a Arabia Saudita y solo se hace una mera y concisa mención a las resoluciones del foro sin darles una entidad decisiva. La mención de alguna “fuerza de paz” de Naciones Unidas brilla por su ausencia y ello por el simple motivo de la naturaleza de las operaciones que se iban a ejecutar. Es por ello que durante años este documento y otros de la misma clase estuvieran alejados del conocimiento público bajo los caracteres de CLASIFICADO o ALTO SECRETO.

Otro documento legal clave fue la Directiva 54 del 15 de enero de 1991 por la cual se hacen precisiones sobre el alcance de las operaciones militares que se enmarcarían en una “agresión iraquí en el Golfo”; esto es importante de tener en cuenta ya que con ello Washington justificaba y delimitaba el alcance geográfico del teatro de operaciones. Aquí también deja expreso que las acciones serían encabezadas por las fuerzas de EEUU en coordinación con las fuerzas de “nuestros socios de la coalición” -entre ellos Argentina- haciendo una enumeración de propósitos a lograr que claramente exceden los objetivos sugeridos por Naciones Unidas.  

En el punto 4 se especifican dos objetivos a cumplir en tanto se desarrollaran las acciones que eran, minimizar las bajas propias y recudir el colateral damage entre la población civil iraquí que tal como extensamente se ha documentado, no se cumplieron.

En el punto 5 dejo en claro que EEUU “buscaría la máxima participación de sus socios de la Coalición en todos los aspectos de las operaciones”, determinando el involucramiento que tuvieron en las hostilidades.

A su vez remite a la NSD 26 del 2 de octubre de 1989 y la NSD 45 previamente citada para argumentar la apertura de las hostilidades contra Iraq. En ambas piezas legales el centro radica en la protección de los intereses estadounidenses haciendo puntual incapié en su preocupación por los recursos petrolíferos.

En lo que hizo a la navegabilidad de una flota de guerra como la que se conformo para estas acciones, Washington se aseguró de contar con el permiso de libre tránsito de los estados rivereños occidentales árabes cuidando a su vez no violar las aguas territoriales de Irán (200 millas, Convemar).

En lo que hizo a los argumentos legales de Argentina para ingresar a la Coalición multinacional poco importan dado que, tal como los hechos históricamente lo demostraron, su grupo de Tareas “Alfil 1” se subordinó a una planificación, dirección y ejecución del Comando de operaciones liderado por los EEUU en Riyadh, todo ello enmarcado en las directivas y las ordenes ejecutivas que aquí hemos revisado por arriba.

sábado, 18 de septiembre de 2021

 


En altas horas de la madrugada del 6 de septiembre último en los alrededores de una de las instalaciones carcelarias de alta seguridad del sistema represivo israelí (IPS), delgadas sombras se movían con rapidez entre las penumbras para no ser detectados por los tiradores de los murallones. Seis siluetas se escurrieron silenciosamente en la oscuridad para hallar la libertad de un presidio político administrado por el régimen ocupante de Israel.

En la mañana, la desagradable sorpresa para el director del presidio judío de “Gilboa” (uno de los 20 presidios existentes) repercutió en los pasillos de la burocracia gubernamental llegando al mismo despacho del actual jerarca Naftaly Bennet. Seis de sus prisioneros se escaparon por un estrecho túnel excavado con cucharas de café desde un baño hasta un sendero próximo a la torre de vigilancia del penal, una osada maniobra de escape que dejó a los israelíes completamente asombrados por las dimensiones del túnel excavado y por los medios utilizados. Como dice el dicho, “se les escaparon bajo las narices” y esa afrenta se la harían pagar con creces.

Los protagonistas de la fuga fueron seis combatientes de diferentes ramas de la resistencia armada palestina, luchadores por la liberación de sus tierras no delincuentes como los israelíes y los medios occidentales los presentaron. Uno de ellos, un líder de “Al Fatah” de Jenin y los otros cinco miembros de la “Jihad Islámica” quienes hoy por hoy la mayoría fueron recapturados gracias a la siniestra metodología del terror aplicada desde el estado.

¿Cómo logró Israel recapturar con tanta rapidez a cinco de estos fugados? Al parecer, la política de terror lo abarca todo en la vida de este estado y es por ello que (como viene sucediendo desde hace 70 años) no ha dudado en hacer uso de estas prácticas para recapturarles. Según lo informaron fuentes palestinas, la Shin Bet (la temible policía secreta) y otros agentes del estado israelí usaron a los familiares de cada uno de los detenidos como moneda de cambio. Incluso en uno de los casos, fueron hasta la casa de uno de ellos y tras secuestrar a su esposa, lo amenazaron con que si no se entregaba ella pagaría las consecuencias.

La presión funciono y tras entregarse cada uno de ellos, fueron duramente golpeados y luego sometidos a brutales torturas que llevó a que alguno de ellos terminara siendo hospitalizado ¿A dónde estaba el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas?

¿Le asombra esto? El uso de la violencia física como psicológica por el estado de Israel es tan real como la arbitrariedad y la impunidad con la que se conduce con toda la población árabe-palestina. Lo hemos visto tanto en sus ataques en el exterior (Siria, Líbano, Iraq etc) como en sus acciones contra la población civil palestina entonces ¿Por qué cree usted que no iban a hacer lo mismo con los prisioneros que caen en sus manos? Son incontables las tretas y los abusos contra la humanidad que han ejecutado en nombre de su derecho a la defensa y la supervivencia.


El asesinato a sangre fría de la joven palestina de 28 años de edad Mai Afaneh en junio pasado no solo se inscribe en la cruenta política de Apartheid israelí sino también otro ejemplo más de la impunidad que los agentes del estado tienen en estos crímenes.

Pero la extensa casuística del uso de la represión por parte de Israel va más allá de estas excusas. Los casos de detenciones arbitrarias y sin justificaciones, están puntualmente direccionadas contra la juventud palestina revelando como los ocupantes tratan de destruir a quienes podrían llegar a ser un serio problema del futuro. El caso del joven Samer Arbeed en 2019 es uno de miles que engordan los expedientes de estos crímenes. En la mañana del 25 de septiembre de 2019 las fuerzas israelíes irrumpieron en su casa de Ramallah y tras someterlo a golpes fue llevado al centro de detención “Al Moscobiyye” en Jerusalén donde dejado a manos de “especialistas” siguió siendo torturado para ser luego hospitalizado gravemente.

Las torturas y los abusos en sus centros de detención y prisiones son parte de este sistema retorcido. Un sistema bien aceitado y en el que la tortura se ha perfeccionado a lo largo de las décadas por su extensa práctica en la que participan médicos y especialistas de diversas ramas de la ciencia que conocen donde producir más dolor, teniendo a los palestinos como sus cobayos.    

Poco o nada se dice de esto en Argentina o más bien en los medios capitalinos advertidamente alineados con la política de aquel estado. Hablar de una realidad como son las prisiones de Israel y cuáles son las condiciones en las que se destinan y mantienen para encerrar a los palestinos no es muy fácil de explicar.

Para los defensores y justificadores de este estado de cosas se trata de una situación legal. Para quienes creemos que esto es una aberración de alcance universal, se trata de una herramienta política para “criminalizar” la resistencia palestina contra la ocupación que, como lo enseña la historia contemporánea, es una realidad que no ha podido ser controlada por la Comunidad internacional ¿Los motivos? Son varios, pero podemos decir que los principales parten de la influencia política y el poder financiero que Israel por medios de sus organizaciones trasnacionales despliega en el mundo.

No solo las condiciones de detención son motivo de críticas sino también y lo fundamental, las causas que motivan los arrestos que muchas veces están enmarcados en las llamadas “detenciones administrativas”, una aberración más contra la legalidad internacional y el respeto de los derechos de los palestinos. Y esto no es una exageración o un ensañamiento “judeofobo” (como tratan de argumentar rápida y repetidamente los sionistas). Los documentos gráficos que se vienen recopilando a lo largo de 70 años de ocupación, violencias y usurpaciones ilegales son contundentes para fundar estas conclusiones.

En la práctica represiva del estado no hay distinciones de edades. El daño que Israel ha causado y sigue causando a la integridad de los niños palestinos es tan grave y escandaloso que sigue siendo una materia pendiente que esto sea investigado por las instancias penales de la Corte Penal Internacional. 

En Argentina hay un gran prurito para hablar del tema. Uno de los obstáculos para ello son las conexiones gubernamentales que Buenos Aires y Tel Aviv mantienen en las áreas de “seguridad”. Pero también por una clara y advertible influencia dentro del espectro de los medios locales que condiciona el abordaje de estos temas. Ni hablar de criticar las inhumanidades que comete diariamente el estado ocupante y en ello colaboran con gran entusiasmo los emporios mediáticos y sus informadores de cara a la opinión pública. Tanto la dirigencia política de la comunidad como sus militantes más radicales son conscientes del bochorno que causaría exponer al debate público estas execralidades a una opinión pública que actualmente está mucho más informada y con consciencia del respeto a los derechos humanos sin distinciones odiosas de credo o religión.

Abusos como el cometido contra el pequeño Mustafa Khalil Amira golpeado bestialmente por una patrulla del ejército israelí o las continuas provocaciones de los colonos ultraderechistas (que entre otras actividades se ocupan de marcar con aerosoles las casas árabes para luego atacarlas) y las repetidas profanaciones a la Mezquita “Al Aqsa”, son solo ejemplos de la sistemática política israelí que busca, además de arrebatarles su espacio geográfico, judeizar todos los aspectos de la vida cultural de la población árabe palestina.

Quienes protestan contra los asentamientos ilegales que Israel promueve a costa de los territorios robados a los palestinos no son la excepción a estas prácticas y para ellos también hay palizas, arrestos y en muchos casos también la muerte. Lamentablemente esto también demuestra que existen sectores de la sociedad palestinos que (por desinterés, conveniencia política o económica o colaboracionismo) miran hacia otro lado y tácitamente avalan estas acciones.


La brutalidad a la que se somete a la población árabe palestina es cotidiana y prueba de ello se ve en la metodología de control de la circulación y tránsito a la que se ven sometidos. La ocupación trata a los palestinos como si fueran animales.

El Status Quo que se mantiene contra la población palestina es un escándalo mundial. El constante y brutal asedio a Gaza, el infame muro de Cizjordania, las usurpaciones sionistas en Jerusalén y las sangrientas represiones contra los manifestantes de árabes y judíos que reclaman el final de estas situaciones expone a quienes (como señalan en Naturei Karta) han secuestrado al judaísmo y lo usan para justificar sus intereses colonialistas. Lo que denuncian estos sectores judíos es al sionismo que maneja al estado.

Para los sionistas estos tratos, además de una demostración de una auto percibida superioridad son parte de un derecho a la defensa contra quienes les agreden o cosa por el estilo. Aún así, en Argentina para sus simpatizantes se hace muy difícil de explicar ante la opinión pública una realidad tan sucia y siniestra. Pero más allá de su silencio y los intentos por tapar ésta realidad amoral e inhumana, se viene sabiendo el alcance de un sistema de presidios que está destinado en gran parte a tratar de destruir el espíritu de lucha y reivindicación de los derechos palestinos.

Desde hace tiempo que los palestinos son los conejillos de indias de los oscuros ingenios israelíes, entre ellos sus sistemas de prisión. La Agencia de Seguridad de Israel (ISA) es el organismo que desde 1948 institucionalizó a nivel estatal el uso de la tortura. Obviamente esta agencia tiene injerencia sobre los presidios que albergan solo palestinos. Pero estos no son presidios comunes. Son campos de detención destinados a comprimir la humanidad de cada uno de ellos sin distinción de sexo y edad. Allí son recluidos no solo miembros de la resistencia política y armada sino también cualquiera que se oponga o desafíe a las políticas del régimen de Tel Aviv. Durante su estancia son sometidos a todo tipo de abusos y humillaciones como parte de una política muy bien urdida y persistente para (además del dolor físico) quebrar la psique del prisionero que una vez liberado ya no tendrá voluntad de luchar.

El sistema de prisiones israelí es un dedo más en el puño de la ocupación y un instrumento más de la colonización sionista. Desde Israel se lo presenta como parte de su sistema de justicia, un oxímoron evidente ante lo que el mismo representa y las finalidades que cumple: Criminalizar y reprimir al palestino o cualquiera que apoye sus reivindicaciones. La fuga de los seis prisioneros en la madrugada del 6 de septiembre pasado ha desatado una campaña de terror a cargo de la “Shin Bet” (policía secreta israelí) y los militares israelíes contra las familias de aquellos demostrando la naturaleza mafiosa, descarada y brutal de los ocupantes.

Desde el gobierno del confeso criminal Naftaly Bennet se han impulsado acciones de represalia colectiva contra toda la población árabe palestina que busca por una parte generar presión psicológica y un escarmiento colectivo por el hecho en sí, que a su vez aterrorice a los familiares y vecinos de los fugados para que (forzados por proteger sus propias vidas o las de sus familiares) cooperan en su entrega, algo que no sorprende en las acostumbradas prácticas represivas de los ocupantes.

Ante esto la conclusión es clara. Israel es un estado ocupante que tiene legalizada la tortura, un proceder inmoral y antiético que no tiene justificación de ninguna clase que ha vuelto a quedar en evidencia con los prisioneros recapturados de Gilboa. Con ello en consideración habría que seguir preguntando ¿Cuándo se aplicara la ley internacional a los responsables políticos de semejante y aberrante realidad política?

 

 

viernes, 3 de septiembre de 2021

 



Leyendo un interesante artículo del politologo Alexander Dugin publicado en el sitio “Geopolitica.ru” titulado “La democracia no necesita de los partidos políticos” (https://www.geopolitica.ru/es/article/la-democracia-no-necesita-de-los-partidos-politicos ) me di cuenta que más allá de las distancias geográficas y culturales que existen entre ambos países, hay un problema muy actual y común que aqueja a la integridad socio política de ambas naciones y que en Argentina es una realidad extendidamente preocupante y ella es la partidocracia.

La excusa para que exista una constelación de partidos políticos en la Argentina es la tan mentada “democracia” como un sistema de gobierno pero, hay un error en este concepto. La democracia no es una forma de gobierno en estricto sentido sino un estilo de vida ligado a la ideología y la filosofía liberal anglosajona, ajena a los orígenes culturales de los argentinos.

Pese a que los exponentes del liberalismo argentino (anglófilos por excelencia) suelen invocar a la democracia como si se tratase de una forma de gobierno que tiene un origen constitucional autóctono lo cierto que ello no es así. La historia política institucional del país es relativamente breve si la comparamos con las civilizaciones de Oriente y en especial de naciones como Rusia o la de los países asiáticos que cuentan con culturas milenarias en su haber. Pero hay un punto de coincidencia entre ambas culturas y ese es la confianza que se le otorga al líder carismático, sea el Zar en Rusia o el caudillo en Argentina.

Cierto es que la Constitución argentina fue casi un calco de la estadounidense con algunas variaciones a su propio proceso político. Allí se consagra el sistema republicano de gobierno con repartición federal del poder. En lo formal, una obra impecable poniendo como líder del estado a un presidente electo en comisiones electorales por periodos determinados. Pero a pesar de esta unicidad del poder, el problema de la estabilidad y la continuidad política nunca pudo ser resuelto. La suerte de un mandatario quedaba sellada por revoluciones o los crónicos golpes de estado durante el siglo XX, nacidos de la idiosincrasia propia de una sociedad que los aprobaba y apoyaba por antagonismos inherentes de su simiente política (unitarios y federales, conservadores y liberales; radicales y peronistas, etc) llevando a que el estado y sus estructuras se volvieran parte de esas compulsas. Así, además de la debilidad del presidencialismo queda claro que el estado siempre estuvo a la sombra del personalismo del representante de un partido de turno y no al revés.

Hasta la reforma de 1994 la palabra “democracia” nunca apareció en la Constitución argentina y mucho menos como forma de gobierno. La democracia como tal, recién se inserta como idea fuerza a comienzos de los ochentas promovida desde Washington en plan de deshacerse de los gobiernos militares (entre ellos el argentino tras la derrota de Malvinas en 1982) que una década y media antes ellos mismos habían fomentado. Recién allí y con la reforma de 1994 se insertó a la Constitución el artículo 36 donde se agregó el término “democrático” como un fundamento dogmático que garantice la estabilidad política de un país constantemente sumido en la inestabilidad institucional por intervenciones militare. Pero ¿Ello es una solución para que además de la gobernabilidad el estado sea eficiente?

Como ha sido una costumbre muy arraigada en este lugar, las elites políticas y financieras del momento siempre han mirado hacia afuera sin tener en cuenta ni valorar las idiosincrasias de cada una de sus provincias e incluso la propia de su propia historia porteña. Un país que surgió de una timorata revolución contra la corona española en 1810 aprovechando las circunstancias internacionales de ese momento en las que Napoleón había invadido el Reino de España y buscando algunos de estos “revolucionarios” apoyo en Gran Bretaña para instaurar una monarquía constitucional, ya pone en evidencia la gran división pre existente y la ausencia del concepto democrático en sus fines.

¿Pero cuáles son las raíces de la identidad política argentina? Su origen como pueblo argento está en el colonialismo de la monarquía española del siglo XVI que muy lejos estaba de la “democracia” del liberalismo clásico. En los territorios que hoy conforman la Argentina había nativos autóctonos que fueron subyugados por el colonialismo europeo y a partir de allí esa incipiente colonia hispana con una población mestiza dependió de las decisiones políticas y económicas de Madrid. Luego de esto, vinieron las luchas internas entre los caudillos de interior y la elite porteña por el control de las rentas de la aduana que llevo a un interregno entre unitarismo o confederación.

Como se ve, ni en la vida política ni en la Constitución de 1863 habían rastros del concepto democracia a lo largo de este periodo. A lo largo del siglo XX el período político y de forma progresiva se enmarco en la llamada -pero nunca consagrada en la Constitución- “democracia representativa” con intermitencias desde comienzos del siglo para graficar el gobierno a través de representantes. Y así llegamos hasta 1994 momentos en que por circunstancias y conveniencias políticas contemporáneas los dos partidos clásicos que habían monopolizado el espectro político nacional acordaron reformar la constitución adicionando (entre otros) un artículo que garantizaría la vigencia del “sistema democrático” para evitar interrupciones. Pese a ello, aunque no ha habido más interrupciones los problemas del país no se han solucionado.

Desde esta interpretación, el término “democracia” ha tomado un significado multívoco y hasta confusamente contradictorio. En Argentina ello ha parecido entenderse como la libertad sin reglas claras, la ausencia de autoridad reconocible y lo peor de ello es la atomización partidaria y política que sin dudas afecta al manejo del estado. En este contexto ¿Quién manda en un caos semejante? En los estados modernos como China -fundado en 1949- que cuentan con un partido único, no hay lugar para los aventureros a costa de la cosa pública. Aquí el estado esta en cabeza de un órgano político central representado por un mandatario supremo que conduce los destinos del país. La sola idea de que alguien -persona o partido- piense que puede sacarle al estado ventajas económicas para su propio bolsillo (como ocurre en el estado argentino) sin consecuencias, es imposible de imaginar.

En el caso de Rusia, su historia política ha estado relacionada con liderazgos fuertes y en muchos casos crueles que en diversos períodos de su historia han sacado al país de las vicisitudes en las que se hallaba. Hay un origen común para todos los rusos que tampoco tiene nada que ver con la “democracia liberal”. Lo mismo en lo que luego se llamaría Argentina, aunque no tiene nada que ver con el proceso ruso mucho menos con aquel último concepto.  El problema que existe en el Río de la Plata es la de un desdoblamiento tácito que se intuye entre una Argentina anglófila que se limita a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y otra Argentina nativa del interior, cada una con realidades paralelas que ponen en contradicción a la idea de una nación con una identidad común.

Tal como están las cosas en Argentina, si no se acepta cuales son sus propias raíces y reconocen que el liderazgo que hace a su estilo de gobierno histórico radica en la autoridad de un líder unificador de un camino común como nación, ciertamente el país va directo a la disgregación de las etapas previas de la Confederación.

 

 

jueves, 26 de agosto de 2021

 


Cuanto más descabellada suene una idea, mayor probabilidad de éxito tenga en la realidad. Suena como un sin sentido pero, en el mundo de la conspiración esto es una regla de oro para concretar operaciones secretas. Esto es lo que podríamos expresar sobre lo que hemos visto suceder el último 15 de agosto cuando, de forma aparentemente sorpresiva y arrolladora el Talibán tomo por el cuello a Kabul dejando en el más absoluto ridículo a los EEUU y sus aliados de la OTAN.

Pero como lo habíamos adelantado, algo no cuadraba bien en toda esa escena. Más allá de la sorprendente reconquista militar en solo quince días hay varias cuestiones que implican a los mismos estadounidenses que no han sido explicadas. Si había una guerra ¿Por qué Washington negocio durante años con el Talibán?

Sobre aquella cuestión se supo que la CIA había establecido contactos secretos con el Talibán con quienes durante años llevó adelante reuniones secretas en Qatar con el fin de obtener un arreglo político que entre otras cuestiones, evitara lo que precisamente termino por suceder el 15 de agosto último. Al parecer EEUU siempre estuvo consciente de su debilidad y de la imposibilidad de ganar esta guerra, pero ¿Realmente quería ganarla?

Como lo hicieron en Iraq, se ingenierizaron engaños que se enmarcarían en la llamada “Contrainsurgencia” entre los cuales estaba -y seguramente aún continúan operativos- grupos especiales con el objetivo de crear divisiones internas y enfrentamientos entre la resistencia afgana con la infiltración de grupos “Jihadistas” que curiosamente están compuestos por mercenarios del ISIS muchos de ellos trasladados desde hace unos años desde Siria e Iraq. Hace tiempo que el Talibán ha descubierto esto e incluso logro destruir campamentos de la franquicia “ISIS-Korasán” (una rama del embuste implantado en Iraq) logrando en algunos casos capturar a varios de esos especímenes.

Ante estas opacidades y el marco general que representa el Talibán Rusia y los países inmediatamente vecinos ven con mucho escepticismo y cuidado la retirada de la OTAN dado que puede tratarse de una estratagema con alcances impredecibles.

Por lo pronto y desde una visión meramente estadounidense cabría preguntar ¿Habrá cuestionamientos en el Congreso norteamericano sobre estos dobleces oscuros de tan desastrosa ocupación? La experiencia vista en Iraq y todos los elementos que se recopilaron referentes al contubernio entre las agencias de inteligencia, los militares estadounidenses y el espantapájaros “Estado Islámico” no pueden ser ignorados.  Tal vez sean estos mismos quienes en las últimas horas llevaron adelante los brutales atentados -con poderosos explosivos como los usados en Iraq y Siria- contra un hotel en el Aeropuerto de Kabul, precisamente buscando sin lugar a dudas crear muchas muertes civiles que impacten a nivel de los medios internacionales con lo cual Washington y Bruselas tendrían argumentos con los cuales alegar la “necesidad” regresar.

A pesar de que los medios occidentales vienen haciendo una ola mediática para tratar de azuzar miedo y despertar una supuesta sensibilidad sobre la situación de las mujeres afganas lo cierto es que durante la ocupación occidental los miembros de la OTAN (en especial los estadounidenses, británicos y australianos), cometieron una serie de crímenes de guerra y lesa humanidad contra la población civil que no discriminó entre hombres, mujeres o niños situaciones que a su vez, fueron sistemáticamente tapadas por los conglomerados de medios que hoy lloran lágrimas de cocodrilo. Hoy en las actuales circunstancias en los que reina la confusión el temor de que se borren estos crímenes es una preocupación real expresada incluso desde la ONU.

Pero ¿Por qué se borrarían los rastros de esos crímenes si los enemigos de EEUU han tomado el poder? Como bien dijimos, durante años los estadounidenses han tenido estrechos contactos con el Talibán e incluso esas relaciones se han extendido más allá de las fronteras de Afganistán más precisamente con las complejas estructuras de la inteligencia de Pakistán, aliado estratégico (con armas nucleares) del movimiento. Tanto la CIA como el ISI pakistaní han tenido un papel central en el nacimiento y progreso del Talibán y en vistas de ello, queda claro que hay una relación simbiótica entre ellos que permite establecer acuerdos y pactos que los beneficien mutuamente.

Esta claro que esto deja a la luz un escándalo y la comprobación del engaño al que los gobernantes en Washington han sometido a los ciudadanos estadounidenses y a los de todo el globo. La lucha contra el terror no era tal. Incluso cuando el mismo Joe Biden trata de explicar que EEUU no fue a Afganistán para “construir una democracia” contrariando los argumentos de sus predecesores, apoyándose que lo hicieron para destruir a “Al Qaeda” para que no atacara más a los EEUU, sigue siendo una estafa ya que como se ha sabido, esa organización fue creada por la CIA en épocas de la guerra fría. Sumado a esto los contribuyentes norteamericanos podrían empezar a cuestionar ¿A dónde fueron a para los 2 Trillones de dólares que costo la guerra?

Los actuales cuadros del Talibán no son los mismos que la CIA promocionó y apoyo en los ochentas e incluso la nueva generación que compone las filas de los que han reconquistado el país, mucho menos han estado al tanto de estas espurias relaciones. Para los jóvenes afganos que combaten en las filas de la “Jihad” contra los invasores angloestadounidenses es inaudito que pudieran haber tenido algún tipo de contacto que no fuere un combate mortal y mucho menos relaciones. En realidad ellos no están al tanto de lo que sus jefes y sus líderes políticos (en los que se halla Khairullah Khairkhwa, líder actual del Talibán quien estuvo desde 2002 detenido en Guantánamo) manejan tras bambalinas.

Lo mismo sucede con los cuadros militares rasos del ejército estadounidense y de sus aliados de la ISAF, quienes avocados a las tareas por combatir a un enemigo que resistía su presencia muy seguramente ignoraban que sus propios colegas civiles (CIA, DIA y  otras agencias aliadas) confraternizaban con quienes ellos combatían. Incluso más. No sería de extrañar que estas relaciones secretas hubieran estado ajenas al conocimiento de los mismos jefes militares de campo del ISAF e incluso del mismo Pentágono. Aquí es donde se ve muy claro ese doble rasero del que tanto se habla en la política estadounidense y en la cual los mismos políticos norteamericanos suelen describir como una maniobra en la que “la mano derecha no sabe lo que hace la izquierda”.

No sucede lo mismo con los funcionarios de primera línea del Departamento de Estado y de la Comunidad de inteligencia y en particular de la CIA (que se llevaba al año entre 60 mil millones de dólares para financiar sus operaciones negras) ya que ellos son quienes tienen el protagonismo estelar en toda esta escenografía. La visita secreta del actual jefe de la CIA Williams J. Burns a Kabul que realizó el martes 24 de agosto último no debería sorprender. Más allá de que se dejó trascender este evento lo cierto es que, a la vista de las causas históricas que han originado la crisis en Afganistán y sus mentores, no sorprende que la agencia de inteligencia busque negociar y comprar tiempo para una salida más decorosa de los remanentes militares y civiles que aún quedan en el país.

Otro punto a destacar y cuestionar en esta repentina huida de EEUU es el abandono de abundante material bélico intacto en sus bases ¿Acaso no hubo tiempo para sacar y embarcar los cientos vehículos acorazados Humvis, Blindados “Abrams” y armamento ligero que el Talibán incauto sin disparar un tiro? O ¿se trató de un abismal acto de torpeza? Las semejanzas con lo ocurrido en Iraq en Junio de 2014 asombra y apunta a no creer en las casualidades. Solo para remarcar una de estas inconsecuencias hay que preguntarse ¿Tiene el Talibán conductores de tanques “Abrams”? y si los tiene ¿Quiénes los formaron?

Siguiendo con esto mismo, el abandono de más de 200 aviones y seis helicópteros “Balck-Hawk” de la fuerza aérea afgana listos para volar y con armamento disponible en sus bases aéreas han aumentado aún más estas especulaciones ¿Fue parte del trato entre la CIA y los representantes del Talibán o es el fruto de un craso error de cálculo de los estrategas y asesores de la Casa Blanca? Si las personas de a pie se creen lo que los medios occidentales han venido informando sobre el Talibán cabría preguntarse ¿Tiene el Talibán pilotos entrenados para manejar aquellos aparatos? Y de tenerlos -como pudo verse en la ofensiva a Kabul- ¿Quiénes los entrenaron? Demasiadas cuestiones que aún carecen de respuestas.

 

lunes, 23 de agosto de 2021

 


Vivimos tiempos convulsos que pocos en la Argentina se habrían atrevido a vaticinar. Como siempre se ha escuchado por acá “a nosotros no nos va a llegar eso” o “nosotros estamos lejos” y tantas otras frases anodinas que en el fondo representan una forma de pensar basada en el miedo inconsciente a hacer frente a los peligros y que se está modificando de forma acelerada conforme se van produciendo los acontecimientos.

La pandemia del SARS-COV2 que conocimos como el COVID 19 más allá del terror y la psicosis que ha causado entre las personas de un país determinado como en la Argentina ha servido para unir en esta circunstancia oscura a toda la humanidad sin distinciones de nacionalidades, etnias y religiones. Pero lamentablemente esa unidad se dio en el miedo y en la desconfianza, factores que han sido funcionales para que los grandes poderes globales establezcan pautas que disfrazadas de medidas benevolentes y protectoras para los habitantes del globo hoy queda claro que buscan otras finalidades muy diferentes.

Aquí entran a jugar temas como el inmoral desarrollo de armas biológicas y químicas que nada han ocupado la agenda del estado argentino que cooptado por una dirigencia flemática y subalterna a sus propios intereses sectoriales, solo se preocupa de temas contingentes e irrelevantes para la supervivencia de un estado nación.

Para la mentalidad nacional, estos problemas pertenecían al campo de la ciencia ficción y dedicar un solo minuto a estudiar sus probabilidades de desarrollo y existencia era una pérdida de tiempo. Esta mentalidad es la que hace que los cerebros con vocación científica se fuguen del país. Esta visión obtusa es la campea en la clase política nativa, repleta de supersticiones y temores a perder sus privilegios que no les permite atreverse a prever que es lo que podría ocurrir en un escenario problemático como el que se presentó con este supuesto virus.

Obviamente, hay que olvidarse de que se hagan cuestionamientos agudos a los posibles implicados ya que en esta mentalidad cerrada, “mejor no hablar de ciertas cosas”.

¿Cómo pueden los gobernantes de un país como la Argentina cotejar la realidad o la mentira de una amenaza como el COVID sin nunca han previsto que dichas amenazas existen o podrían llegar a existir? Para un estado no deberían existir estas preguntas sin una respuesta concreta. En el caso del estado argentino esta es la regla y es por ello que de no reorientar sus lineamientos con una visión global crítica y profunda, seguirá marchando al compás de los acontecimientos que vengan de afuera.

Fíjense lo que sucedió en 2017 cuando “desapareció” el submarino “ARA San Juan”, ni la Armada ni la Fuerza Aérea pudieron dar -en apariencias- precisiones de lo ocurrido. En ese momento el estado argentino dejo en evidencia sus carencias materiales para poder organizar una operación de búsqueda y rescate autónoma producto de la pésima administración político-económica y el abandono (por cuestiones ideológico-partidarias) de una planificación estratégica. Esa ineficacia por parte del estado no puede tener otra consecuencia que la de una total indefensión.

La imposición de una cuarentena interminable a costa de la libertad y los derechos civiles, fue la primera fase de esa indefensión con la cual los ciudadanos pagaron por directivas de un estado administrado por una casta ignorante y desinformada que desde hace décadas sigue los lineamientos que informan otros estados y los expertos del exterior. El desarrollo de vacunas para contra restar esta pandemia dio inicio a otro capítulo de esta dependencia que por lo que se está viendo, conduce a la instauración de un Status Quo de control global que ya se ha programado muchas décadas atrás.

Lo mismo con la actual situación sanitaria que ha entrado en una nueva fase en la cual los estados se hallan avocados a que todos sus ciudadanos sean vacunados poniendo a rodar, con la cooperación de los grandes medios de información, toda clase de argucias discursivas, administrativas y legales que obliguen a quienes se resistan a terminar aceptando la vacunación.

Para asegurar esa vacunación masiva, los estados están acudiendo a todo tipo de medidas compulsivas para que no quede nadie sin vacunarse. El principal aliado para desplegar esta política son los medios y por medio de ellos es que desde hace ya dos años se radian con dramática persistencia cifras de contagios y muertos que impactan en la psique de quienes les consumen.

En los EEUU la administración federal y muchos de los estados que conforman la Unión además de esto, están implementando la tecnología digital (Biometría de Defensa -DOD- usada y probada en Iraq, Siria y Afganistán) para que los ciudadanos bajen aplicaciones a sus teléfonos móviles que verificaran si los ciudadanos han cumplido con su vacunación. Quien no se haya vacunado, no puede ingresar a sitios públicos e incluso no podrán concurrir a sus trabajos, lo que representa un doble cercenamiento a la libertad tanto de elección a inocularse como a ejercer los derechos constitucionales como son el circular y a trabajar.

Agregado a esto quienes se hallan decidido vacunar no todos tendrán el acceso a ese documento sanitario. En la Unión Europea el solo hecho de vacunarse no es la conditio sine qua non. Solo quienes se inocularon con las vacunas de ciertos laboratorios (curiosamente occidentales) tendrán a recibir dicha libreta que le dará el derecho a la admisión en la Unión Europea. Aquí vemos una mezquina pulseada geopolítica que está por encima del presunto interés general que publicamente esgrimen los gobiernos europeos.

A la par de esto, la implementación de los “pasaportes verdes” que la UE está tratando de imponer sobre todo aquel que pretenda ingresar y circular dentro de su jurisdicción, lleva a conformar un nuevo argumento administrativo que alimenta a la burocracia para que los gobiernos puedan controlar y autorizar a discreción quienes y quienes no son dignos de ingresar. Esto ya esta siendo resistido por varios sectores de la población europea especialmente en Italia y Francia donde las protestas callejeras y las demostraciones de su rechazo han ido en crecimiento.

Indirectamente, se establece un sistema de discriminación con tintes estigmatizantes ya que quienes no cumplan con estos requerimientos burocráticos no podrán ejercer sus derechos en plenitud relegándolos a una tácita categoría de indeseables. Claramente, se propende a ejercer una presión psicológica para forzar la vacunación a quienes se oponen por una u otra razón ya que bajo el argumento de la “salud pública” y el “interés general” se pretende sumir a todos bajo un sofisticado control biométrico total (Como el que el estado chino ejerce sobre su población y el que los EEUU con fines de inteligencia llevaron a cabo en Afganistán) en el cual los estados estarán detalladamente informados sobre aspectos pormenorizados de la privacidad de cada individuo.   

Bajo estos parámetros, los estados que se presumen de respetar las formas democráticas catalogarán con mayor detalle quienes son sujetos deseables y quienes no solo son o, desde un lenguaje policial quienes son peligrosos para la seguridad del estado y quienes no.

Acudimos a ser testigos y protagonistas de una realidad de control total en la que los proclamadores de las libertades civiles y la democracia vuelven una vez más a demostrar que hacen todo lo contrario a lo que dicen.


viernes, 20 de agosto de 2021

 


Lo que ha ocurrido en los últimos días en Afganistán es la consecuencia de un origen y de una causa que Washington y sus socios no quieren recordar. Es por ello que vemos como tras la meteórica reconquista del país y de la capital en unas semanas por el “Talibán” (Estudiosos del Libro) ha hecho que desde occidente se pongan a rodar las usinas de la desinformación e intoxicación informativa para realizar lo que bien podemos describir como un “control de daños”.

El “Talibán” no logró esta proeza militar solo por sus reconocidas capacidades de combate y resistencia ante el más poderoso de los ocupantes que haya pisado su tierra. Cualquiera puede advertir en cualquier otra experiencia semejante de la historia que no es posible ganar territorios con el simple uso de la fuerza bruta. Si no lo cree vea las experiencias de EEUU en Vietnam, Iraq o la de sus socios israelíes en Palestina donde la ocupación ya lleva 71 años sin conseguir hacerse del control total de los territorios ocupados.

Ha habido desde la caída de Kabul, todo tipo de especulaciones, algunas de ellas tan inverosímiles que solo pueden surgir de un absoluto desconocimiento de quiénes son los afganos. Desde hace 20 años el país fue ocupado por los estadounidenses con la ayuda de la OTAN ya que sin esta última la misión no hubiera logrado permanecer ni un año en el terreno. Durante todo ese período se realizaron toda clase de actividades de cooptación y trabajo de relaciones públicas para -como suelen decir los burócratas de Washington- ganarse “el corazón de los pobladores”, en particular los de la capital.

¿Por qué solamente los habitantes de Kabul y los alrededores era más importante de cooptar? Por el simple hecho de que desde allí se administraría la ocupación y es allí donde se centralizaban las cuestiones políticas, religiosas y comerciales que en algún sentido, unificaba el complejo mosaico étnico de la población.

Lo cierto es que aquel concepto se resumía en comprar la voluntad de los desesperados afganos quienes por un puñado de dólares y el ingreso de gran cantidad de artículos de consumo en un país arruinado y derruido por años de guerra, simplemente les hizo ver a los invasores como salvadores.

De esta masa de afganos salieron los funcionarios administrativos, los empleados burocráticos y los oficiales de los grupos de seguridad como la NDS y la KPF que durante la ocupación se encargaban de la nada humanitaria tarea de cazar, torturar y ejecutar a los prisioneros acusados de simpatizar con el Talibán. De este modo, estos esbirros eran quienes harían el trabajo sucio en la llamada “lucha contra el terrorismo”.

¿Pero de dónde salieron los Talibán? He ahí el meollo del asunto y para ello nos debemos remontar al siglo XX, por finales de la década de los setentas en momentos que las tensiones nucleares entre el bloque occidental y la URSS trepaban a escalas preocupantes. En ese contexto fue que la CIA a la saga del entonces Asesor de Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski y con el aporte del entonces jefe de la DGSE francesa (Inteligencia Exterior) Alexandre de Marenches, ingeniaron la creación de una guerrilla de saboteadores que (mediante el terrorismo) estaría a cargo de agentes árabes provistos por Arabia Saudita (uno de los aliados anti comunistas más férreos de aquella época). Aquel programa se llamó “La Base” en árabe “Al Qaeda” que sería puesta a cargo de un joven saudita llamado Osama Bin Ladem quien además de ser un conocido anti comunista, era miembro de la “Hermandad Musulmana”, protagonista junto a la CIA, el MI-6 y el Mossad de la agitación política y social en la mal llamada “Primavera árabe” de 2011.

A la par de esto, la CIA junto a sus colegas de la Mukhabarat saudita desde comienzos de los ochentas financiaron e impulsaron la creación de las “Madrazas” en Pakistán donde se iniciaron los primeros estudiantes del Corán en una versión deliberadamente radicalizada por la ideología “Wahabí”. De allí nació “el Talibán”, una organización de guerreros santos (Muyajeidines) que armados por el Pentágono y con el asesoramiento de la CIA, lograron expulsar a los soviéticos diez años después de su invasión.

A comienzos de los noventas cuando EEUU da un giro en su geopolítica para el Medio Oriente (tendiente a beneficiar a Israel) y logra arrastrar a Iraq a una guerra catastrófica (1991), Bin Ladem seguía al servicio de aquel programa de la CIA e incluso -a contrario de lo que se dijo más tarde- era públicamente reconocido por los “Think Tanks” estadounidenses como “un luchador por la libertad” ¿Entonces qué sucedió?

Pero los negocios suelen terminar con las más entrañables amistades y fue así que aquel “luchador de la libertad” paso a ser una molestia cuando al parecer no quiso subordinarse a la dirección del Talibán que aún seguía con la cooperación y bajo los designios de los chicos de la CIA. En ese aspecto, uno de los desencuentros pasaba por el control del negocio del narcotráfico y de las rutas de la heroína que penetraban con mayor fuerza en Eurasia gracias al colapso de la URSS algo que Bin Ladem no habría querido cooperar por el simple prurito de creerlo (tráfico de drogas) contrario a la fe islámica.

Para julio de 2001, Osama Bin Ladem quien sufría de serios problemas renales debió ser internado de urgencia en un hospital de Dubai para más tarde trasladarlo al hospital militar de Rawalpindi en Pakistán donde moriría en diciembre de ese 2001 y su cuerpo enterrado posteriormente en Afganistán. Entonces ¿Dónde queda la versión oficial del 11/S y los posteriores videos que se ventilaban de ese supuesto Bin Ladem?

Cuando el “Talibán” (con la cooperación de la CIA) logra conquistar el poder en 1996, lejos de cualquier condena desde Washington, aquellos impusieron la ley islámica (Sharia) en una forma ultramontana que se vio potenciada por la interpretación tribal del Talibán. Sus opositores de la “Alianza del Norte” era mantenida a raya en beneficio de los intereses de Washington ya que dicha agrupación era un rezago de la oposición comunista afgana que respondía al asesinado presidente Mohamad Najisbulá. Hoy paradójicamente Washington pone parte de su capital y sus esfuerzos para que esta facción armada reviva y se convierta en el contendiente frontal del actual gobierno Talibán que se halla liderado por Khairullah Khairkhwa quien tras ser detenido por Pakistán fue entregado a la CIA en 2002 para recluirlo en Guantánamo donde fue “sistemáticamente torturado” por médicos especialistas en “reformatear” la conducta de sus víctimas.

En este contexto usted se preguntará ¿Qué paso entre la CIA y el Talibán entonces? Según algunas fuentes, antes de que se produjeran los “atentados” del 11/S, más precisamente por el mes de julio del 2001, hubo una fracasada reunión secreta llevada a cabo en Berlín entre representantes estadounidenses, británicos y del Talibán a la cual también asistieron veedores rusos y pakistaníes. Aquel fracaso significó -antes de los atentados- la movilización de fuerzas estadounidenses y británicas al Golfo de Omán, las mismas que luego se movilizarían para invadir Afganistán.   

Tras concretar la invasión en octubre de 2001, EEUU dio inicio a un ciclo de calamidades y corruptela sin fin que hoy salen a la luz precisamente gracias a este colapso. Con el paso de los años, los ocupantes fueron ganándose el rechazo de los pobladores de todos los rincones del país, salvo en los de Kabul en donde aquellos mantenían sus principales instalaciones militares y políticas con conexiones al exterior. Por el contrario, en el interior, las masacres por los bombardeos indiscriminados, los allanamientos brutales de sus “grupos especiales” y los asesinatos por equipos de la CIA o de sus Drones dejaron un rastro indeleble en la población. No hay que perder de vista que fue el entonces Secretario de Defensa Donald Rumsfeld el arquitecto de esta ocupación, el mismo que junto a su asesor Douglas Feith y Paul Wolfowitz -todos ellos prominentes sionistas- orquestaron contra Iraq en 2003.

No hay dudas que la fuga de las tropas estadounidenses vista el 15 de agosto dejo en evidencia una desorganización planificada o por lo menos improvisada que buscaba un propósito y ese fue, usar a los afganos como escudos para evitar el enfrentamiento directo y a la vez, mostrar una postal con la cual tratar de manipular a la opinión pública. Ha quedado claro y a la luz de lo expuesto que todo lo que se dice en los medios anglosajones no es lo que realmente ocurrió y ocurre hoy por hoy.

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